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"BORGES  CON LOS  ABOGADOS"
                    
                                       
  por el Dr. Santiago J. Rubinstein

EDITADO por EDITORIAL PROA XXI, BUENOS AIRES, 2007
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Comentario de Julio  Chiappini

I.
Según Harold Bloom, el canon occidental literario  se  compone con  Dante, Shakespeare  y Borges.  Parece  arduo, y  hasta ímprobo, discrepar  con el dictamen.

Lo cierto es que el 21/9/1985, en los  salones de la  Asociación  de  Abogados  de  Buenos  Aires,  y ante un nutrido  auditorio,  nuestro escritor mayor  dialogó con  el  Dr. Rubinstein. Borges,  cuyo padre  había sido abogado y  secretario  judicial, preguntó al principiar la entrevista cuál era  la  diferencia  entre el Colegio  de  Abogados  y la Asociación de Abogados anfitriona. Rubinstein nos  ilustró entonces acerca de que  el  Colegio,  que data de 1913, tiende más a  lo  institucional; mientras que  la  Asociación, fundada  en  1934, a  la  representación  de los  letrados.

Stendhal,  seudónimo de Henri  Beyle,  decía que  antes de escribir leía el Código Napoleón para insuflarse de economía en la prosa. Mal no le  fue,  pues  acuñó frases como "Cuando  las cosas  van mal  siempre queda  el  recurso de vivir". No contento,  alabó al tímido como " al  único capaz  de conocer",  al  tiempo  que concebía la felicidad solamente como una  contingencia  propia  de  ciertos solitarios.

Los  abogados, en tanto, haríamos muy  bien  en  leer  y releer a  Borges  para  escribir  mejor. Se trata  del escritor para escritores por  excelencia. Y  el  abogado,  quien más  plumea ,  salvo que  flagele el malhadado juicio oral,  con el que  se  dictan mucho  menos de la mitad  de  las sentencias. En todos  los fueros. 

II. En los últimos  años, y  probablemente sea  la  hazaña  más  portentosa  de  la  literatura, se  han  rescatado del  olvido cantidad de textos de Borges: textos recobrados, textos recónditos y  hasta  inéditos, como  éste  de  ahora.
En la   grata interview  se  habló de la escritura: desde  Cristo, que escribió tan  poco, hasta Macedonio  Fernández, que  era  abogado   y   más   dado  a la conversación que a la redacción  de  cosas. Bien hecho, pues  resulta algo  más civilizado . Así  como más  civilizado  y    hasta prudente es leer o  releer  antes   que escribir,  en  el  fondo una  necesidad de  comunicarnos u  otra    vanidad.

Borges también  peroró  sobre el idealismo  mágico. Que francamente  mejor se patentiza  en  los procesos. Y  sobre la eventual supervivencia  de  los libros, por  ahora garantida. Y sobre  la  angustia  y   acerca  del  " compromiso del  escritor  con  su época". A  lo cual observó:" ¿Por qué  con su   época? Las  épocas importan muy  poco. Lo importante  es  el  compromiso de  un  escritor  con la escritura, con  la  literatura, lo demás  es  tan   efímero   como  la política" (p.63).
También  se  departió  respecto  del abogado  y de la literatura.

Los  autores abogados o  los  autores que  no lo eran pero que, como Shakespeare, apunta  Borges, abundan " en  términos jurídicos. Le  interesaba  mucho la ley". Y  sobre   Kafka, abogado, que  predijo, sin  decirlo así, que la  condena no está tal  vez al   final del proceso  sino en el proceso   mismo.

En fin: las consabidas respuestas   y   perplejidades   de  Borges, que   con   glamoroso candor disimulaba   su  genio y  sin  por    ello  sucumbir  a Schopenhauer:"En el genio, la  modestia  es  hipocresía".

El   plausible volumen, en  cuanto  los   letrados  convocan a  las   musas, cuenta con  un prólogo de Adalberto  Polti.

 

 

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Ultima Actualización:
13 de Mayo de 2012