| “ACOSO LABORAL: ¿UN FLAGELO NEGOCIABLE?” por la Dra. Viviana Laura Díaz.
EDITADO por EDITORIAL QUORUM 160 Páginas. 2007 Prólogos: Carlos A. Tomada y Julio Armando Grisolia
Comentario del Dr. Carlos A. Tomada (Ministro de Trabajo, Empleo y Seguridad Social)
Los fenómenos de violencia laboral no son nuevos, pero adoptan en nuestro medio una vigencia mayor debido en parte a la coyuntura actual de nuestro contexto socio-cultural. Los cambios sustanciales que se están produciendo en las relaciones laborales influyen en el trabajo seguro, en aquel que se desarrolla dentro de un marco de libertad, equidad, seguridad y dignidad humana: en el trabajo decente.
La violencia ha sido objeto de numerosos estudios desde diversas disciplinas, pero su abordaje como problema de salud pública es relativamente reciente y obedece a que deteriora el entramado de relaciones sociales de solidaridad y cooperación que hoy suele denominarse "capital social".
La Organización Internacional del Trabajo destaca que la violencia en el ámbito laboral, tanto física, moral
o psicológica, viene creciendo en los casos registrados, alcanzando niveles preocupantes tanto en la frecuencia de las conductas violentas cuanto en sus consecuencias devastadoras, no sólo sobre las víctimas directas, sino también sobre la sociedad en su conjunto, con pérdida de fuerza de trabajo y de población activa, aumento del gasto público y un importante efecto colateral sobre la industria y la economía del país.
La Organización Mundial de la Salud consideró a la violencia desde 1996 como prioridad de salud pública, entendiendo que pronto superaría a las enfermedades infecciosas como causa principal de morbilidad y mortalidad prematura a nivel mundial.
Diferentes estudios realizados a nivel internacional estiman que el rendimiento de un trabajador que sufre situaciones de violencia
laboral es de un 70% en términos de productividad, y su costo para el empleador puede llegar a ser un 180% mayor.
La concientización social ha de ser progresiva. Los acosadores no entienden las pautas de funcionamiento democrático ni el respeto por las personas. La sociedad debe amonestarlos y defender los derechos de las víctimas, proteger los intereses del Estado, administrar justicia y educar a los que entorpecen gravemente la convivencia.
Es necesario profundizar las acciones contra este flagelo social, desarrollando estudios de campo e investigaciones dirigidas a conocer con exactitud el mapa de la violencia laboral en nuestro país.
Desde el ámbito del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social se han profundizado los contactos con las organizaciones sindicales y empresarias, instándolas a que incluyan el tema en la negociación colectiva, creando áreas especializadas de resolución
adecuada de conflictos dentro de sus ámbitos, a fin de abordar adecuadamente los que puedan surgir en cada sector.
Asimismo, estamos diseñando e implementando distintas políticas públicas orientadas a que esta problemática sea cada vez menos grave y generalizada. Por esta razón hemos incluido la violencia laboral como un tema relevante dentro de la Comisión Tripartita de
Igualdad de Trato y Oportunidades entre Varones y Mujeres en el Mundo Laboral (CTIO), iniciando actividades de investigación, sensibilización, difusión y capacitación.
Con sólidos argumentos la presente obra demuestra la necesidad del diagnóstico como herramienta eficaz para evitar el estallido del conflicto y desarrolla un método que relaciona los conceptos de RAC (resolución adecuada de conflictos), acoso laboral (utilizándose en
el trabajo indistintamente el término mobbing), y prevención. Respecto a este último punto es interesante la descripción del rol que juegan los actores sociales, la propia víctima, el Estado y, finalmente, la Justicia en la consideración del mobbing como riesgo laboral y en el análisis de cómo inciden las conductas de los protagonistas en la estimación del daño consecuente del mobbing y su alternativa de resarcimiento.
El principal aporte de este libro es plantear alternativas para mejorar las relaciones interpersonales a nivel organizacional, de manera tal de superar los comportamientos violentos que además de ser censurables moral y jurídicamente, perjudican el desarrollo personal y profesional de los sujetos e impactan fuertemente sobre la productividad.
| |